Un hot-spot —punto caliente— es el defecto que más veces aparece en una inspección termográfica de placas solares, y también el más traicionero: no se ve desde el suelo, el inversor rara vez lo señala y, mientras tanto, va degradando el módulo día tras día. Merece la pena entender por qué se forma, porque la causa determina por completo la solución.
Qué es un hot-spot en una placa solar
Un hot-spot es una zona concreta de un módulo fotovoltaico que trabaja a una temperatura muy superior a la de su entorno. En una imagen térmica se distingue de inmediato: una mancha clara y bien delimitada sobre un fondo uniforme.
El mecanismo tiene que ver con cómo están conectadas las células dentro de un panel. Todas las células de una misma cadena están en serie, de modo que la corriente que circula la marca la célula más débil. Cuando una célula deja de generar —porque está rota, sombreada o tapada— las demás le siguen enviando corriente. Esa célula pasa de ser generadora a comportarse como una resistencia: disipa en forma de calor la energía que producen sus vecinas. De ahí la temperatura anómala.
La consecuencia importante es que el problema no se queda en la célula afectada. Toda la cadena reduce su corriente al nivel del punto más débil, y por eso un solo defecto pequeño puede penalizar la producción de un módulo entero o de buena parte de un string.
Por qué aparece un punto caliente: las cuatro causas principales
Todos los hot-spots se parecen en la imagen térmica, pero tienen orígenes muy distintos. Estas son las causas que encontramos con más frecuencia:
1. Suciedad localizada
Es la causa más común y, por suerte, la más fácil de resolver. Un excremento de ave, una mancha de resina, una acumulación de barro seco en el marco inferior del módulo o una costra de líquenes tapan por completo una porción de célula. A diferencia del polvo fino, que se reparte de forma uniforme y baja algo el rendimiento global, esta suciedad bloquea la luz de manera total y concentrada. Los excrementos de ave y la resina de árbol son los sospechosos habituales.
2. Sombras persistentes
Una chimenea, una antena, un árbol que ha crecido o una fila de módulos que proyecta sombra sobre la siguiente a primera y última hora del día producen exactamente el mismo efecto que la suciedad: células que dejan de generar mientras el resto sigue enviando corriente. La diferencia es que la sombra se desplaza a lo largo del día, lo que en la imagen térmica deja un patrón característico y ayuda a identificarla.
3. Células dañadas
Microfisuras por impactos de granizo, por tensiones durante el transporte o el montaje, o por pisadas sobre el vidrio en trabajos de mantenimiento. También células con defectos de fabricación o degradadas por humedad que ha penetrado por un sellado deficiente. Aquí la limpieza no soluciona nada: el daño es interno y permanente.
4. Diodos de bypass averiados
Los módulos incorporan diodos de bypass precisamente para protegerse de este fenómeno: cuando un grupo de células queda sombreado, el diodo desvía la corriente y evita que ese grupo se caliente. Si el diodo falla —abierto o en cortocircuito— esa protección desaparece. Un diodo en cortocircuito anula un tercio entero del módulo; un diodo abierto deja el grupo de células expuesto al sobrecalentamiento. En la imagen térmica se reconoce porque no calienta una célula aislada, sino un bloque rectangular completo.
Punto caliente localizado detectado en una inspección termográfica: la temperatura máxima registrada en ese punto supera con claridad la del módulo.
Qué daño causa un hot-spot al panel
El problema de un punto caliente no es solo la producción que se pierde hoy. Es que el defecto se agrava solo. Las temperaturas elevadas y sostenidas degradan el encapsulante EVA que protege las células, provocan delaminaciones, amarillean el material y acaban abriendo la puerta a la entrada de humedad. Cuando eso ocurre, el módulo ya no se recupera.
En casos extremos, un punto caliente sostenido puede llegar a quemar la lámina posterior del módulo (el backsheet). Ese es el motivo por el que los hot-spots con temperaturas muy altas se consideran un asunto de seguridad y no solo de rendimiento: una instalación sobre la cubierta de una nave industrial con material combustible merece una atención especial. Lo comentamos con más detalle en la guía de mantenimiento fotovoltaico en naves industriales.
Hay una diferencia clave entre los dos escenarios: si el punto caliente se debe a suciedad y se elimina a tiempo, la célula recupera su funcionamiento normal y no queda secuela alguna. Si se deja pasar el tiempo suficiente, esa misma suciedad habrá provocado un daño permanente que ya solo se resuelve sustituyendo el módulo.
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No hay una cifra única, porque depende de cuántas células estén afectadas, de cómo estén conectados los strings y de si los diodos de bypass funcionan. Sí existe, en cambio, un principio que ayuda a dimensionarlo: en una serie, la corriente la limita el elemento más débil.
Eso significa que una sola célula tapada puede arrastrar el rendimiento de todo su grupo de bypass —normalmente un tercio del módulo— y que, según cómo esté cableada la instalación, el efecto puede propagarse al string entero. Por eso es tan frecuente encontrar instalaciones con un porcentaje de pérdida que no se explica por la suciedad general: la causa está concentrada en dos o tres módulos concretos.
La forma práctica de detectarlo antes de la inspección es mirar la curva de producción. Una gráfica de inversor con una muesca en una franja horaria concreta apunta casi siempre a un sombreado o a un defecto localizado, mientras que una curva baja pero bien formada apunta a suciedad generalizada.
Qué hacer cuando se detecta un punto caliente
El orden de actuación es siempre el mismo. Primero, limpiar: una limpieza profesional con agua desionizada y sin productos químicos elimina la suciedad adherida y descarta la causa más probable. Segundo, repetir la termografía sobre los módulos ya limpios: si el punto caliente ha desaparecido, era suciedad y el problema está resuelto. Si sigue exactamente igual, el daño es interno.
A partir de ahí, la decisión depende de la gravedad y de si el módulo está en garantía. Un diodo averiado a menudo se puede sustituir; una célula rota, no. En una inspección bien hecha, el informe técnico ya te dice en cuál de los dos casos estás y qué recomienda hacer. Si quieres saber cómo se interpretan esos datos, lo explicamos en cómo leer un informe termográfico, y si te preguntas con qué método se hace la captura, lo comparamos en termografía con dron o cámara de mano.
Conclusión
Los hot-spots son el ejemplo perfecto de por qué el mantenimiento fotovoltaico no puede limitarse a mirar la producción mensual. Una mancha de dos centímetros puede penalizar un módulo entero y, si se deja estar, convertirlo en un módulo muerto. La buena noticia es que la mayoría de puntos calientes tienen su origen en la suciedad y se resuelven con una limpieza a tiempo. La clave está en detectarlos antes de que dejen huella. Si quieres saber en qué estado están realmente tus paneles solares en Cataluña, una inspección termográfica te da la respuesta.
